Bueno en primer lugar me gustaría decirles que todo lo que se vaya a publicar en este blog son FanFics de crepúsculo, todos los personajes, espacios y demás cosas que aparezcan en cualquier libro de la saga son propiedad de Stephenie Meyer.
Los FanFics de crepúsculo no son de nuestra propiedad (Guadalupe Vulturi y Daniela Cullen) cada uno tiene su respectivo autor, y esta señalado en la descripción de cada FanFic. Tengan en cuenta que cualquiera de esos FanFics también se pueden encontrar en FanFiction.net u otro blog mientras tengan permiso de su autor.
Fuera de eso, no tengo nada más que decirles aparte de que disfruten su lectura.

Prologo

Estaba aterrada. En sus ojos color chocolate se reflejaba el terror que la embargaba al estar cerca de ese hombre, gruesas lágrimas empapaban sus mejillas mientras colocaba una mano sobre su acelerado corazón. Buscaba una forma de escapar de aquél lugar oscuro y frío.
Sus ojos se clavaron sobre la figura inmóvil en el suelo. Su corazón dejó de latir el tiempo que tardó en comprender lo que ocurría. Una mano sobre su boca para acallar sus sollozos y otra que apretaba con fuerza la tela de su falda verde.
-Mamá...- sintió que el mundo desaparecía bajo sus pies al reconocer el cuerpo sin vida de su madre. El hombre frente a ella la observó con una sonrisa triunfante, y ella negó en repetidas ocasiones con la cabeza, moviendo su largo cabello marrón. -¿Por qué?- se aventuró a preguntar.
Él no respondió con palabras, pero sus acciones bastaron para hacerla sentir mal.
La sostuvo violentamente por los hombros, ella gimoteó un poco, con miedo nuevamente. Sintió su blusa ser desgarrada con una navaja, y aunque forcejeó, no logró liberarse del agarre.
Gritó, pidió ayuda, pero no la obtuvo. Una bofetada en el rostro y unos labios sobre los suyos bastaron para hacerla callar. La lágrimas seguían corriendo, pero no se quejó. Pronto se vio desnuda ante su "padre".
No quiso presenciar eso, no importaba nada ya. Su padre había muerto antes de su nacimiento, por lo que su madre había estado sola; hasta que lo encontró a él. Su padrastro era una persona violenta, por lo menos desde hacía unas semanas. Con frecuencia su madre era azotada o abofeteada, y que decir de ella. En varias ocasiones había tenido que quedarse en casa por los golpes que recibía, pero jamás la había tocado del modo que lo hacía ahora.
Gritó, lloró, le arañó e intentó resistirse; pero solo consiguió lastimarse más. Sintió la vergüenza más grande, se sintió sucia y deseó morir cada segundo que estuvo con él. Más nunca llegó lo que tanto ansiaba.
Alcanzó a tomar una botella de vino vacía que rodaba por el suelo, como si el destino la hubiera puesto ante ella. La sujetó entre sus dedos y lo golpeó, no con la suficiente fuerza para matarlo. Tomó un juego de ropa limpia y se lo puso a prisa, con pasos torpes y sangre trazando un camino, abandonó su casa.
Las calles estaban oscuras y desiertas, nadie estaba fuera a esa hora. Intentó moverse más rápido, pero no podía hacerlo por el dolor. Un sonido la alertó de que alguien se acercaba y corrió, corrió y corrió. Pero tropezó y cayó sobre la fría y húmeda calle de un oscuro y desierto callejón.
No pudo volver a pararse, no quiso ver la realidad en ningún momento. No fue consciente de que alguien se acercaba a ella hasta que fue demasiado tarde.
Una figura femenina se encontraba en cuclillas ante ella, y no era una persona común y corriente. La mujer que la observaba tenía los ojos negros y una belleza devastadora. Su olor era dulce, pero no empalagoso, ni se parecía a ninguna loción, era natural.
Sus ojos solo reflejaban deseo cuando tocó el rostro de la muchacha de ojos marrones. Se pasó la lengua por los labios, y tragó con pesadez, esa chica que se desangraba ante ella tenía una aroma demasiado atractivo.
Dejó de apretar su falda manchada de sangre para tocar el rostro de la otra joven, sus ojos solo mostraban curiosidad, aunque no había rastro de miedo en ella. Delineó con sus dedos el rostro de su bella compañera, luego ladeó la cabeza, y cerrando los ojos abrió un poco su blusa, dejando expuesta la blanca piel de su cuello.
La otra le miró con asombro. La sorpresa opacaba al deseo antes visto.
-Bebe mi sangre.- dijo en un murmullo la joven. –Es tuya.- sus labios pronunciaban las palabras con seguridad, sin rastro de terror o truco. No iba a escapar, quería que ella la matara en ese instante.
La vampiresa la observó una vez más antes de clavar los colmillos en la piel expuesta. La otra apretó los ojos un segundo, pero luego se relajó.
Pronto todo iba a acabar.

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