Bueno en primer lugar me gustaría decirles que todo lo que se vaya a publicar en este blog son FanFics de crepúsculo, todos los personajes, espacios y demás cosas que aparezcan en cualquier libro de la saga son propiedad de Stephenie Meyer.
Los FanFics de crepúsculo no son de nuestra propiedad (Guadalupe Vulturi y Daniela Cullen) cada uno tiene su respectivo autor, y esta señalado en la descripción de cada FanFic. Tengan en cuenta que cualquiera de esos FanFics también se pueden encontrar en FanFiction.net u otro blog mientras tengan permiso de su autor.
Fuera de eso, no tengo nada más que decirles aparte de que disfruten su lectura.

Mi sangre

Para mi alivio y descontento de Mike, apenas tuve tiempo de intimar con él durante la cena, principalmente porque Jessica, a la que no había vuelto a ver desde la comida en el "Asador", se acomodo a mi lado y se ocupo de mantenerme ocupada en banales conversaciones. Sin embargo al percibir que no apartaba su vista de Mike, supuse que lo que intentaba era mantenerme alejada de él.
Mejor que mejor, realmente dudo que ella tuviera alguna idea del favor tan grande que me estaba haciendo. Sentía miedo de por donde podrían desviarse los pensamientos de Mike, rodeados como estábamos, de gente alegre y poco juiciosa.
No obstante la cena terminó, y lentamente los invitados fueron abandonando sus asientos hasta acercarse a la pista de baile. Suspiré, Mike no tardo en extenderme la mano y no tuve más remedio que aceptar e incorporarme. Para mi alivio, Jessica no tardo en imitarnos, y yo me aseguré de formar con ella un pequeño grupo, con la esperanza de que esto desalentara a Mike. Fue en vano.
- Bella, ¿me concederías el honor de ser mi pareja de baile? - la voz de Mike sonaba galante y esperanzada, sin embargo a mi me pareció el sonido más odioso que jamás había escuchado, principalmente porque me obligaba a lastimarlo indirectamente.
- No creo que pueda, Mike – contesté en un murmullo avergonzado.
- ¿Por qué? – sonaba dolido, como si realmente hubiese esperado otra respuesta a otra pregunta.
- No se bailar – susurré y por la extraña mueca de su rostro supe que no me había creído. Resignada me preparé a confesar la parte más vergonzosa – Siempre fui demasiado torpe para intentarlo.
Genial, estaba roja y avergonzada. ¿Podía haber algo más ridículo que yo en ese momento?
- Oh! –por lo entrecortado de sus palabras deduje que comenzaba a tomarme en serio. – bueno… no pasa nada… no tenemos por qué hacerlo…
Para mi sorpresa hubo alguien que se opuso a sus palabras.
- A mi si me apetece bailar, ¿te importa Bella? – Jessica se encontraba a mi lado y en esos momentos me miraba esperanzada, pero con un toque de amenazada en sus ojos. Sonreí.
- No, adelante. No se preocupen – mi voz sonaba segura y Mike no pudo hacer otra cosa que mirarme confundido mientras Jessica lo tomaba de la mano y lo arrastraba a la pista de baile.
Una sonrisa agradecida se formo en mis labios. Realmente no terminaba de gustarme la forma de ser de Jessica, pero debía reconocer que en esa ocasión me había echo un favor, aun de forma involuntaria. Ojala que Mike descubriera hacia donde debían dirigirse sus sentimientos y me apartara a mí de ellos.
La música comenzó a sonar y la gente a dar vueltas. De pronto me sentí mareada. Confundida por la extravagante idea de que ese no era mi sitió, de que a pesar de la locura de mis pensamientos, aquel no era, ni nunca sería, mi verdadero mundo.
Debía ser cosa del humo de los puros, pensé. Me dirigí a la calle tratando de huir de ellos.
La entrada a la casa de los Newton estaba decorada por un pequeño jardín, donde se alzaban algunos árboles de tamaños medianos y numerosos rosales. Me dirigí hacía ellos deseosa de aspirar el aroma. Era perfecto, olía a rosas, naturalmente. Sin embargo, mientras dedicaba toda mi atención al sentido del olfato, un aroma más se aproximo a mi, uno mucho más delicioso y atrayente que el de los rosales. Uno que no recordaba haber olido nunca, pero que me resultaba familiar.
Me giré, tratando de hallar la causa de tal aroma, sin embargo la respuesta llegó a mi, instantes antes de que mis ojos toparan con ella.
- ¿Cansada de la fiesta? – mi corazón dio un vuelco ante tan maravilloso sonido, segura de que sería lo que mis ojos hallaran cuando alzase la vista. Sin ninguna duda, me dije, una fragancia tan perfecta…, tan solo podía ser suya.
- Edward, ¿qué haces aquí? – la pregunta escapó de mis labios sin poder evitarlo, surgida por la incoherente pero cierta sospecha de que el me estaba siguiendo.
- Salí a dar un paseo – respondió simplemente, y luego insistió - ¿y qué hay de ti? ¿no deberías estar en la fiesta antes de que alguna otra hechice a tu novio? – sus palabras eran burlonas, pero pude ver tras sus ojos que realmente estaba interesado.
- Mike, como tu bien sabes, no es mi novio – se rió tras mis palabras y tuve que esforzarme por no hiperventilar. Se veía hermoso con esa sonrisa torcida iluminando su rostro. – Y lo que y haga o deje de hacer aquí, es cosa mía. Al fin y al cabo, no soy la única que guarda secretos, ¿o si?
Trate demostrarme seria y ofendida, algo difícil dado que todo mi cuerpo me empujaba a otra cosa, sin embargo me dolió ver la expresión apenada de sus palabras.
- ¿Por que te empeñas en hacer todo aun más difícil? – protesto entre susurros. Hablaba en serio.
- Porque no confías en mi… - respondí la verdad sin quererlo, atrapado por esos relucientes ojos que, mirándolos fijamente, resultaban dorado intenso de nuevo. Se produjo un intenso silencio, y por algún ridículo motivo sentí la obligación de ser plenamente sincera con él – Y porque me duele saber que tarde o temprano volverás a apartarme de mi lado…, y se que cuando lo hagas sufriré, y lo peor de todo, es que aun así, no quiero que te vallas.
Un intenso silencio se formó entre ambos. Estuve segura de haber hablado demasiado, pero no me arrepentí, era mejor dejar las cosas claras y que se alejara de mí, ahora, cuando aun podría soportarlo. Sin embargo, me sorprendieron sus nuevas palabras.
- Bella, ¿estás segura de lo que dices? – Le miré confusa y decidió cambiar de pregunta - ¿recuerdas la vez que nos vimos por primera vez, en el restaurante, cierto? – Asentí, aun sin comprender a donde quería llegar - ¿y también recuerdas lo que ocurrió la otra noche en el camino? – sonaba totalmente dudoso, yo asentí de nuevo, confundida por la idea de que el pensara que lo había olvidado - y aun así, ¿no deseas que me aleje de tu lado? ¿acaso no tiemblas de miedo cada vez que me ves?
- No – respondí secamente, y luego añadí atrapada por la magia de sus ojos dorados – Lo único que se, es que aquella primera vez, te controlaste lo suficiente para no hacerme daño, y la otra noche, en el camino, hiciste algo más que eso, me salvaste la vida. No me importa cómo lo hicieras, y tampoco el saber que no eres… - dude, ¿y si me equivocaba?, ¿y si se ofendía? – bueno… igual por completo a lo demás.
Respiré para tomar aire, pero de nuevo su mirada me instó a continuar.
- He de admitir – reconocí a regañadientes - que esa perspectiva me confundió un poco al principio, incluso me asustó, pero luego llegué a una conclusión. – lo mire llegado a ese punto, tratando de ver su reacción a mis palabras, pero se mantenía inmóvil, inexpresivo; continué – Que no importaba.
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- ¿Qué no importaba? – repitió, atónito, incrédulo.
- Aja – asentí – No me importa lo qué seas. Me importa muchísimo más, quién seas. Y se que eres una buena persona que se esfuerza por hacer lo correcto.
Su mirada seguía incrédula, y supe que no creía en mis palabras. Sin embargo, por primera vez, una atisbo de duda asomaba por sus ojos dorados, tal vez, estuviese empezando a creer. Cuando volvió a hablar, me asustó la tristeza y el dolor que arrastraban sus palabras.
- No dirías eso si lo supieras todo… Si lo vieras, todo. – su voz era apenas un murmullo, y hube de esforzar el oído para escucharle. Mi respuesta, por el contrario, salió sola.
- Enséñamelo – susurré. Estuve segura de que se iba a negar.
Sin embargo, en lugar de la rápida negativa que esperaba, sus ojos dorados atraparon los míos, examinándolos, estuve segura, en busca de cualquier atisbo de duda en ellos sobre mis palabras. No la encontraron. No le permití que lo hiciera.
El tiempo pasaba, y no supe si fueron segundos, minutos o inclusos horas, en los que yo me negué a apartar la mirada, segura de que, si lo hacía, Edward jamás me confesaría aquello que yo estaba tan deseosa de oír. Todo lo que su corazón me ocultaba.
Súbitamente, él tomó mi mano. Para mi sorpresa la dirigió justamente allí, a su corazón. La coloco con cuidado encima de su pecho. Mi ritmo sanguíneo se encontraba irremediablemente alterado ante su contacto, hasta tal punto, que yo misma pude escuchar los latidos de mi corazón. Fue entonces cuando me percate. La mano que el sostenía sobre su pecho, no era capaz de distinguir latido alguno.
Hipnotizada por este echo, apenas fui conciente de lo poco ético de mis movimientos. Sin pensarlo siquiera, acerqué mi cabeza a su pecho, y coloqué uno de mis oídos sobre este. Espere. Ningún sonido llegó a mi cerebro. Su corazón no latía. Estaba muerto.
Varios minutos tarde en aceptar este echo, y aun cuando lo hice, no fui capaz de apartar mi cabeza de su pecho. Se encontraba tan cómoda en ese lugar… Jamás me había encontrado tan cerca de un hombre, tampoco lo había deseado. No; hasta encontrarlo a él. Instintivamente pude apreciar otros rasgos extraños que destacaban, además del hecho de la inexistencia de riego sanguíneo. Su piel era fría y dura, semejante a una piedra, y sin embargo, mucho más cómoda para mí que el mejor de los sillones.
Finalmente fueron sus manos las que me separan de su cuerpo, de forma delicada pero firme. Alce a la vista a su rostro, temiendo que se hubiese enfadado, sin embargo más bien parecía expectante. Pese a ello, el hecho de que sus ojos se habían oscurecido un poco, no me paso desapercibido.
Espere en silencio, pero a la vista de que el no parecía dispuesto a romperlo, no pude contenerme.
- No late… – constaté, y no me sorprendió comprobar que mi voz se escuchaba en susurros. Él negó con la cabeza. – Lo siento – volví a susurrar, no muy segura de lo que debía decir. En cierto modo lo sentía por él, sin embargo lo que a mi me importaba es que estaba allí, vivo, y a mi lado. El hecho de que su corazón no latiera carecía de relativa importancia.
Me sorprendí de mi misma. Cualquier otra persona cuerda en mi lugar habría huido despavorida. ¿Acaso era yo diferente? No lo sabía. De lo que si estaba segura era de que me asustaba más el echo de tener que alejarme de Edward que el que su corazón no latiera.
- Lo sientes – repitió arqueando las cejas. Al parecer no era la única confusa.
- ¿Debería haber dicho otra cosa? -pregunte preocupada. Solo logré que su mirada se endureciera aun más.
- ¿Debería? ¿Acaso es eso todo lo que te preocupa? – su voz sonaba irritada, pero ante todo confundida. - ¿No te asusta el hecho de que mi corazón permanezca inmóvil, semejante a una piedra?
- Me preocupa mucho más que te hayas enfadado conmigo – respondí nuevamente, fiel a la verdad. Intuí que jamás me sería posible decir mentiras mientras sus ojos me mirasen de aquella forma.
- No lo comprendes… - susurró.
- Ayúdame entonces a entender – repetí. Lo que no esperaba era la violencia de sus siguientes movimientos.
En menos de un abrir y cerrar de ojos desaparecía de delante de mi, y una milésima de segundo después, reaparecía tras de mi, tomándome por los brazos y arrojándome a su espalda. Confusa, y sin comprender del todo lo sucedido, tan solo pude sujetarme bien a su cuello y sentir como el suelo desaparecía ante mis pies. Un extraño nudo se presentaba en mi estómago, y el aire escocía mis ojos, por lo que me limite a cerrarlos, esperando despertar del sueño, o de cualquier lugar donde me encontrase.
Finalmente Edward se detuvo, y algo más confiada me atreví a abrir los ojos. Me sorprendió y asustó comprobar que nos encontrábamos en el bosque, en un pequeño claro cerca de los límites del río, a kilómetros de distancia de la casa de Mike. La realidad cayó ante mi por si sola. Edward me había traído hasta aquí corriendo, en tan solo un par de minutos. La certeza de mis pensamientos logró inmovilizarme, como el miedo no lo había logrado.
- Bella, ¿te encuentras bien? – su voz me trajo de vuelta a la realidad, se escuchaba preocupado, y me obligue a responder por miedo a que se arrepintiera de haberme traído.
- Si – respondí, mi voz se escuchó ronca. Trate de tragar saliva y suavizarla – Estoy bien. – trate de bajar de su espalda pero mis brazos no respondían – Solo que necesito algo de ayuda para bajar.
Su risa deleito mis oídos y sus manos no tardaron en deshacer el lazo que yo había formado alrededor de su cuello y depositarme en el suelo. Lo contemple embelesada. Se veía aun más hermoso bajo la suave luz de la luna.
- ¿Por qué me has traído aquí? – pregunte, deseosa de saber el motivo. Le mire a los ojos, pareció sorprendido porque no hiciera referencia a su sorprendente fuerza y velocidad. Ja. Como si eso no hubiera quedado claro la noche pasada.
- Tal vez no debería haberlo echo – respondió en un susurró.
- No – negué e instintivamente trate de acercarme más él. Algo complicado teniendo en cuanta que me encontraba sobre el suelo justo delante de él – Me alegro que lo hicieras. – No pude evitar acercar mi rostro al suyo mientras hablaba. Su olor, y ante todo sus ojos, me hechizaban, me atraían y me hacían perder el uso de toda lógica.
Lo que no me esperaba era su reacción. Rígido, durante unos instantes, se apartó de mí rápidamente, desapareciendo de mi vista, y resurgiendo posteriormente algunos metros por delante.
Bajo la luz de la luna, no me costó identificar los rasgos que surcaba su rostro. Y por primera vez en lo que iba de noche, tuve verdadero miedo.
Parecía poseído por una mezcla de furia, rabia e ira. Iracundo, golpeo con uno de sus puños uno de los árboles que nos rodeaban, quien respondió con un fuerte crujido, antes de caer a suelo, partido por la mitad en lo más grueso de su tronco.
Sus ojos, entonces, se posaron sobre mí fijamente, y los vi negros de nuevo, con aquella furia homicida que ya los habían dominado en alguna otra ocasión. Mi corazón latió desbordado.
- Maldita sea, ¡Bella! –Exclamó, yo no pude evitar estremecerme - ¿Por qué tiene que ser tan complicado? ¿Comprendes acaso el peligro que corres a mi lado? ¿Llegas siquiera a imaginar la potencia de su llamada sobre mi? ¿El autocontrol que debo ejercer para contenerme?
Sonaba furioso, sin embargo parecía que lo peor ya había pasado. Aun así yo era incapaz de apartar la vista de sus ojos, y la atención de sus preguntas, tratando de hallar, desesperadamente, el significado de estas. A qué o quién se referían.
- ¿Imaginas acaso la desesperación que siento al estar cerca de ti, cuando su olor me llena y me invade por completo? ¿Lo qué es, saber, que tal vez en algún momento no seré capaz de contenerme, y tu morirás por ello, dejando tus únicos restos de vida en mis labios? ¿Sabes lo que significa entender, que tan solo a cambio de tu vida, obtendré yo lo que tanto anhelo? ¿No poder confiar en mi mismo para resistirme a ello?
Se escuchaba desesperado, un sentimiento mucho más profundo que la ira, como si cada una de sus palabras o hiriera a él mas de lo que estaban haciendo conmigo misma.
Él silencio inundo el claro de nuevo. El sonido de los árboles era el único sonido que yo era capaz de escuchar, mientras me preguntaba que era aquello que él tanto el deseaba, que me ponía a mi en peligro al hacerlo, que conseguirlo significaba mi muerte, y que mis restos de vida quedarían entonces en sus labios.
El sonido de los árboles era lo único que escuchaba, el sonido de los árboles, y los latidos de mi corazón.
Y de pronto lo comprendí todo. Qué era lo que él anhelaba. Qué era lo que yo poseía. Y por qué el no podía obtenerlo mientras yo siguiera con vida.
- Mi sangre… - susurré.
Y sin poder evitarlo alce la vista, deseando que él negara esa idea, que dijera que eso no era más que tonterías. Sabiendo que no iba a ser así.
Sus ojos me lo confirmaron. Ya no se encontraban tan oscuros como hacía unos momentos, y su rostro también parecí haberse relajado. Ya no se veía furioso. Por el contrario, la tristeza, la duda y el miedo a mi reacción hacían mella en él, recordándome lo cierto de mis suposiciones.
- Mi sangre – repetí, inmóvil, y supe fielmente, cuando él comenzaba a desplazarse hacia mí, que aquel momento lo cambiaría todo.
Mi suerte, estaba echada.

1 comentario:

  1. Espectacular!!!!!!!! CAda vez m encantan más. Gracias por compartirlos!!!!

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